martes, 24 de enero de 2012

Infantiles.

La ola de felicidad sigue en su mayor expresión.. y ojalá siga así por mucho tiempo.
Ayer me invitó a ir a la casa (Si! a la casa!), la última vez que había ido fue post accidente y digamos que no le gustó nada. Pero ahora, él mismo me estaba diciendo que fuera, le convocatoria era para cebarle mates mientras lavaba el auto, la idea me pareció genial, una buena manera de arrancar, así que sin muchas vueltas fui, claramente, sin remera blanca.
Llegué y el mate lo tuve que hacer yo, me dijo que entrara que lo aprontara, como si fuera la amiga de toda la vida y que tenía la re confianza para entrar. Mate pronto, salí a la vereda y me senté con la perra de él y mirábamos como él limpiaba el auto. Me regaló un bombón. La gente pasaba y miraba, supongo que pensarían que eramos una pareja consolidada de jóvenes adolescentes ocupando toda la vereda, cual si fuésemos un par de viejos casados, cuando en realidad él, es mi ex. Mate va, mate viene, laptop, descargando música en la vereda mientras él limpiaba el auto, aquello era merecedor de una foto que congelara el momento para siempre.
Predecible mente, la hora de la pavada llegó, no pude evitar pasarle mi mano con espuma por la espalda cosa que no dejó pasar y me la devolvió pero con mayor esmero, y ahí se desató la guerra, nos llenamos de espuma, hasta que llego la manguera. (Recordemos que estábamos en la vereda, y que la gente pasaba). Empezó a salpicarme de rebote con la manguera, y yo le seguía tirando agua enjabonada, era eso o lo que quedaba de agua caliente en el termo. Hasta que la guerra lanzó la bomba atómica. Con toda la intención del mundo, la manguera abandonó su objetivo BMW y se dirigió hacia mi. De pies a cabeza y sin piedad me empapó, algo que yo no deje pasar y con poca clemencia le tiré mi arma mas poderosa, el balde de agua con jabón, que quedó en su cabeza como souvenir. Lejos de enojarnos y razonar de que nos podíamos enfermar y de que yo no tenia ropa para cambiarme y tampoco me iba a bañar ahí, las carcajadas sobraban por toda la escena. Chorreando agua y a las puteadas pero con una gran sonrisa en nuestras caras, los dos volvimos a la infancia, y nada mejor que haberlo hecho juntos. Cuando terminó entramos a la casa, me agarro de la cintura y nos sentamos en un sillón. "Estás cómoda?" dejo escapar, "No acá sentada boba, éstos últimos días, el sábado en la playa, hoy acá.." Si le dije, pero por mi cabeza pasaban mil cosas y tenia muchas ganas de gritar SOY TAN FELIZ! 
Él se bañó, yo me quedé mirando tele, me secó (o hizo el intento) de secarme la ropa con un secador. Nos mirabamos a los ojos y nos reíamos. La anécdota nos va a sacar sonrisas por mucho tiempo. Eramos dos nenes chicos, y aunque despues me cagué de frio en la plaza con él, lo disfruté muchisimo, y ojalá se repita. 


Ibas con el pelo mojado volviendo a tu hogar.
Tu padre no creía la mentira que empezó el carnaval.

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