domingo, 11 de mayo de 2014

Los riesgos de estar sola y al pedo.


Últimamente me pasa que cometo mas estupideces estando AL pedo que EN pedo, y eso ya es un problema.. Después caigo en la cuenta de que en realidad no soy tan fuerte como creía, y que él al final es mi punto débil, vaya novedad.
Conocerán el dicho ‘un clavo saca otro clavo’, siempre fui fervientemente defensora de que eso es mentira, pero me rindo, admito que perdí. Necesito otro clavo. Desde hace cuatro años.

Cuando creí que ya estaba superado, la vida me pone en situaciones que me hunden mas y mas y no me deja escapar de este maldito circulo.
Empiezo a ver a mi alrededor y veo como todo el mundo avanza, sin mi, y pareciera no importarle. Me siento minúscula, invisible, inservible, incapaz de recibir afecto.

Veo a todos seguir, haciendo sus propias vidas, consiguiendo el futuro que siempre soñaron, pero no yo, yo no puedo. Siento que estoy anclada acá con demasiado pasado y un futuro nulo. Los malditos fantasmas de siempre y las putas ilusiones que no se donde salen, porque mi cerebro sabe que no deben aparecer.
Estuve con Mr. Horn. Después de una aparición inesperada y al querer hacer algo y no tener con quien, caí en la (maldita) tentación de invitarlo. Como una niña chica que sabe que esa travesura está mal pero que la hace con la intención de que nadie la descubra.
Sabía en ese momento, se y siempre sabré que no debo ilusionarme, que podemos hacer cosas y que no tenemos que forzar lo que no es. Que por mas de que se porte bien conmigo no debo esperar nada de su parte, porque nunca hay mas de su parte.
Juro que trato y trato de no debilitarme, pero juega, me histeriquea, y sin plantearme nada, de pronto me tiene a sus pies. Como la adolescente que fui cuando empezamos a salir. Ni siquiera nos besamos. Tampoco hubo demasiado de ese jugueteo irónico que tuvimos siempre. Nos mirábamos distinto. La de él era una mirada vencida, como si ya se hubiera rendido, ya no sabía ni que decirme porque “siempre estás a la defensiva”, y es que eso es lo que hace la desconfianza; La mía pedía a gritos que no me buscara, porque me iba a encontrar (en todos los sentidos posibles).
Ahora que pienso, creo que nunca pasamos un día juntos. Ni siquiera cuando eramos novios. POR AMOR A DIOS! Como puede haberme marcado tanto alguien con quien en realidad ni siquiera compartimos mucho! Y es mas! Que me hizo tan mal! De algo me tengo que estar olvidando, o quizás, la respuesta esté en que tampoco conocí a nadie mejor… una vez mas, un clavo saca a otro clavo, pero uno mas grande!

En fin. Creía que estaba todo bien en nuestra fase “somos amigos y podemos hacer cosas juntos sin matarnos ni terminar revolcándonos por ahí”. Pero no. Su amigo nos dejó y rendidos por el cansancio y el calor nos acostamos en medio del campo con la misma botella sirviéndonos de almohada, yo para un lado y él para el otro. Empezó a molestarme con unas hojas, después me acariciaba, nos tocamos el pelo, manteníamos conversaciones sin demasiada profundidad y nos reconocíamos el cuerpo sin la mirada. Por momentos creía que estaba hablando con la persona madura y coherente que quería que fuera, pero después volvía el mismo de siempre a pinchar la nube, lo que en parte me mantenía fuerte y me hacía volver a mi actitud de bicho bolita.
Yo también iba mutando con él. Por momentos era una persona racional que se repetía que solo eran amigos. Y por momentos brotaba de mi el deseo de que me agarrara y me desnudara ahí, en medio del campo y ser suya nuevamente. 
Eso claramente no pasó. No porque él no quisiera, sino porque mi lado racional se mantenía liderando. 

Volvíamos a casa, todavía mantenía una esperanza de mi lado idiota que cuando nos despidiéramos me lanzara un "pasamos lindo hoy" o un "que se repita" O UN SIMPLE BESO! Nada de eso pasó. Pero yo me sentía bien. Había ganado mi propia batalla. O al menos eso creía. 
Hasta que entré en mi casa, tan vacía, donde la tristeza y la bronca te abraza, donde aparecen los fantasmas. La bajada mortal de esta montaña rusa sentimental que soy últimamente. Una angustia desgarradora me obligó a acostarme en posición fetal encerrada en mi cuarto a llorar por dos horas seguidas, pero del llanto posta, del triste, el desconsolado. Sentía que estaba en un pozo donde todo a mi alrededor era oscuridad.

Es que en el fondo probablemente quisiera que si, que algo pasara, sabiendo que estaba mal, pero que pasara, ese mimo al alma de sentirse querido, capaz de gustarle a alguien. Porque me miro al espejo y me encuentro fea. Ya no está esa Lolita que se come al mundo. La de ahora se siente fea, sola, triste y enferma. 
Como peor castigo no puedo sacarme de la cabeza esa canción que escuchamos 40 veces en el auto. Y me hace empezar el circulo angustioso. Es como la cortina musical de mi tristeza. 

Ya es hora de terminar de una vez por todas con éste tema, pero no se cómo, no encuentro la forma. Necesito otro clavo, pero aunque miro el horizonte, no veo nada esperanzador. 



Ésto ocurrió y fue escrito hace dos semanas.
No hubieron noticias de Mr. Horn desde entonces.

No hay comentarios:

Publicar un comentario